Tempranillo, regentada por Juan Caballero, lleva casi 30 años en la emblemática calle y ofrece una cocina tradicional y una carta de vinos con 300 referencias que fidelizan a clientes locales y seduce a los turistas
“Esta zona estaba muerta”, afirma Juan Caballero, de 55 años, mientras grupos de turistas no dejan de pasar de un lado a otro de la calle. También recuerda cuando aún se podía aparcar a ambos lados de la calle hasta que en 2006, siendo alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, se dejó solo un lateral y se ensancharon las aceras.
En Tempranillo no reservan porque Caballero piensa que eso sería “como privatizar”, no les gusta apremiar a la gente, y solo cuentan con seis mesas, pero la barra tiene bastante movimiento y, presidida por un imponente botellero construido ad hoc para el local con espacio para 980 botellas, condensa el espíritu de este rincón que sobrevive a la gentrificación: compartir, charlar y disfrutar de una “comida sencilla que acompañe bien al vino”.